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El Hada de Santa Ana

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Leyenda del Hada del cerro Santa Ana

En un palacio de jaspe, mármol, plata y oro, lleno de todos los tesoros que una persona pueda imaginar, construido en las profundidades del cerro Santa Ana en la bella ciudad de Guayaquil, vive el Hada de Santa Ana.

En las siguientes líneas, encontrarás una hermosa historia donde se funden la historia y la imaginación.

Leyenda del Hada del cerro Santa Ana

La misteriosa hada es una princesa, hija del cacique de un antiguo pueblo guerrero que habitó las tierras guayasenses en tiempos anteriores a los huancavilcas.

El jefe de la antigua tribu deseando enriquecerse, conformó un ejército poderoso y despiadado y en la búsqueda de tesoros conquistó y exterminó a muchos pueblos vecinos.

Gracias al botín de uno de sus innumerables saqueos edificó un palacio magnífico en la cúspide del cerro, precisamente en el lugar en que más tarde los españoles fundaron la ciudad de Guayaquil.

Un día la hija del cacique enfermó gravemente.

Su padre, preocupado, mandó a llamar al mejor shamán, el poderoso brujo del reino, a quien ofreció abundantes riquezas si la curaba.

El brujo explicó que la única manera de lograr que la muchacha sanará, era que el cacique devolviera las riquezas robadas a los pueblos que había conquistado; de lo contrario la princesa moriría.

El brujo obligó al Rey a escoger entre su riqueza y la vida de su hija.

El cacique, lleno de avaricia, optó por su tesoro al mismo tiempo que intentó matar al brujo para que acompañara a su hija en la otra vida.

Sin embargo, el shamán por medio de sus artes oscuras, desapareció furioso y se convirtió en humo, al mismo tiempo que maldijo al cacique a vivir con sus pertenencias, palacio e hija en las entrañas del cerro de Santana, hasta que algún individuo pueda romper el hechizo.

Para que se cumpla su maldición, el shamán permite salir de su reclusión a la princesa cada 100 años con la finalidad de persuadir a un hombre para que la escoja; pero el hombre deberá elegir entre la princesa y el tesoro del cacique.

De esta manera, la princesa sale cada siglo en busca de su liberador, vestida con finos trajes de seda, el cabello suelto, luciendo un collar de piedras blancas y un cetro de plata coronado por una hermosa piedra roja.

La leyenda cuenta que en una ocasión, la princesa se le apareció a un arruinado teniente español y lo condujo al interior del cerro para mostrarle las riquezas que guardaba el palacio oculto y pedirle que escoja entre el tesoro o ella.

De decidirse por ella, la princesa le prometió al soldado ser su mujer e inseparable compañera, hacerlo feliz y llevarlo a un mundo de dulzura y alegría después de la muerte; sin embargo, el codicioso español prefirió el tesoro.

Ante tal elección el cacique hechizado saltó en furia y decidió castigar la ambición del soldado, reteniéndolo con ellos en su palacio para que sufra la pena de vivir sin estar vivo.

En ese momento el español se invocó con fe a Santa Ana y de forma misteriosa fue sacado de dicho lugar apareciendo después al pie del cerro.

A partir de entonces el cerro se llamó Santana y el soldado mandó a colocar una inmensa cruz en su cúspide como agradecimiento a la santa.

Datos Interesantes

Cuenta la leyenda que Nino de Lecumberri, español buscador de tesoros, invocó a Santa Ana cuando se encontraba en peligro de muerte.

En agradecimiento colocó una Cruz con la leyenda “Santa Ana” en la cima del cerro, nombre que sustituyó desde entonces al de Cerrito Verde.

El cerro Santa Ana es uno de los puntos de interés turístico más importantes de la ciudad, el tradicional Barrio de Las Peñas.​

Los visitantes en un recorrido de 444 escalones​ se encuentran restaurantes, cafés, galerías de arte y tiendas de artesanías.

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